viernes, 31 de octubre de 2008

El segundo plano también es importante

Émile Zola en el estudio, Edouard Manet, 1868, Museo d'Orsay, Paris

Hace tiempo que conozco está obra, ni más ni menos que la descubrí hace unos 6 años en clase de Arte Contemporáneo con el profesor Félix Fanés. Al principio de conocer la obra completa de Manet, si tener más conocimientos que lo que simplemente vemos, no era uno de los pintores que me llamaran la atención. Sus obras eran bonitas pero para mi eran eso, bonitas simplemente.

Fue gracias a Fanés, y su gran forma de explicar algo tan complejo como el arte, que descubrí un Manet más profundo. Un Manet que no pintaba las cosas por pintar sino que cada elemento en su lienzo estaba por un motivo y tenía un significado.

Ésta obra le tengo un cariño especial. Sí, suena extraño pero siempre recordaré que fue la obra que marcó mi camino como universitaria. En el primer examen de carrera me preguntaron sobre esta obra. Era un examen sencillo, simplemente la foto del cuadro y explicar todo lo que sabíamos. Parece sencillo pero se puede estar 3h de examen escribiendo sin parar sobre ella y sobre su autor.

Aquí simplemente me dedicaré a la descripción de la obra y a contaros los pequeños detalles de la iconografía de ésta que para muchos es desconocida.

Como vemos en primer plano encontramos a Émile Zola sentado en su estudio, bueno eso es lo que nos hace creer Manet en el titulo de la obra pero en realidad era el estudio de Manet, el cual poso siete u ocho veces para realizar la obra. Enfrente de Zola vemos una mesa repleta de libros. Estos libros hacen referencia a la profesión de Zola, escritor. La colocación de estos libros y el tintero no solo eluden a la profesión del retratado sino que estaban colocados allí y de esa forma ya que fue una de las composiciones que se heredaron de la tradición flamenca y hace referencia a la simpatía que le tenía Manet a este tipo de pintura.
No es en el primer plano donde hay la miga de al obra sino que tenemos que mirar en el fondo para poder observar las grandes inquietudes del artista y que nos quiere hacer saber.
Si empezamos a analizar el fondeo desde la parte izquierda vemos la aparición en escena de un biombo y de una xilografía japonesa. La aparición de estos dos elementos viene dado por la admiración que se tenía en aquella época por el arte asiático que no solo compartían el artista y el escritor sino que otros artistas de al talla de Van Gogh también admiraban. (Este último reprodujo varias estampas japonesas y se encuentran en su catalogo de oras, eso sí de las menos conocidas)
Al lado de la xilografía del samurai podemos observar dos postales más. En la parte superior hay representada la obra de Velásquez: Los Borrachos. ¿Por qué aparecen Los Borrachos en éste cuadro? Manet consideraba a Velázquez el pintor de pintores y bien se cree que tenia la estampa o bien como motivo de inspiración o como tributo al artista español. Finalmente bajo Los Borrachos encontramos la Olimpia. Su obra más polémica. Manet siempre defendió esta obra porqué fue de las que más ataques recibió respeto a su significado.

Como se puede observar en la descripción Manet no es solo aquello que se puede apreciar a través de los sentidos sino también en el trasfondo de su obra. Esto no solo ocurre con él sino con la mayoría de los artistas. Nos limitamos a decir si nos gusta o no solo por la sensación sensorial pero pocas son las veces que nos detenemos a leer sobre la obra o bien sobre el artista.

El año pasado tuve la oportunidad de ver la obra en directo en el Museo d’Orsay en Paris. Realmente impresiona. Impresiona ver que el lienzo no era tan pequeño como nos podemos imaginar, impresiona poder ver las texturas de la pintura, impresiona recordar todos los detalles de la pintura y tenerla enfrente tuyo en esos momentos.

Como bien me dijo no hace muchos días una persona al tener enfrente al obra real muchas veces no te paras a pensar en que aquella tela fue la que tocó, dibujó y pintó el artista, y, cuando caes en la cuenta de que eso es así, es cuando aparecen todas las sensaciones que se deberían tener siempre cuando se está enfrente de una obra de ese calibre.

El talento no se enseña, crece en el sentido que le place
Émile Zola, escritor

4 comentarios:

M@riel dijo...

Fantástico e instructivo este análisis de la obra; la verdad es que, con la sinceridad pr delante, yo nunca me hubiera imaginado en un cuadro así pero, tras leer tu artículo, he descubierto que encierra mucho más de lo que suponía. Gracias por enseñármelo. Un abrazo y millones de besos.

Alhana dijo...

Yo también estudié esta obra; es curioso como a pesar de la distancia en el tiempo seguían con la tradición de incluir objetos en apariencia banales o sin relación alguna al tema principal y que, sin embargo, significan tanto.

En este sentido, al igual que para ti lo es el retrato de Zola, el cuadro que me marcó fue el famoso Matrimonio Arnolfini, de van Eyck. Cuanto más lo miro, más me llena. A ver si algún día te animas a hacerle un análisis :)
Besos.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

Manet, Monet, Degas, Sisley, en una época fueron mis ídolos. Yo quería ser pintor y mira al final "leguleyo".
Que magnifica descripción nos has hecho y si es cierto que en un momento las estampas japonesas eran "devoradas" por los europeos en cuanto llegaban....

El Arte del Arte dijo...

Mil gracias a los tres por vuestros comentarios, no sabeis el empuje que me dan a seguir escribiendo en este pequeño rincon de internet!
Alhana, ya tenia pensado hacer una entrada respeto al Matrimonio Arnolfini, me quede boquiabierta al ver la gran perfección de la obra en la National Gallery en Londres... un joya de la pintura flamenca.
Mil besazos!